MONASTERIO DE SAN JUAN DE LA PEÑA (JACA)

A pocos kilómetros de Jaca, y al final de una estrecha carretera llena de curvas, nos espera un lugar maravilloso: el Monasterio de San Juan de la Peña. Cuna del Reino de Aragón.


Cuenta la leyenda que a principios del s.VIII un joven llamado Voto, salió a cazar por la zona. 

Divisando un ciervo azuzó a su caballo para perseguirle. El ciervo corría y corría dirigiéndose sin saber ambos que lo hacían hacia un precipicio. De repente, el ciervo cae al vacío ante la horrorizada mirada del joven cuyo caballo galopa muy cerca del animal.

Sabiendo al instante que poco tenía que hacer ya por su propia vida, decide encomendarse a San Juan Bautista, y entonces ocurre el milagro. El caballo queda de manos, apoyando sus patas traseras al filo de la peña, permitiendo a Voto desmontar y salvar su vida. 

Una vez repuesto del susto, baja a buscar al ciervo. Allí, junto a él, y excavada en la roca, ve una cueva. Curioso, se introduce en ella, encontrando para su sorpresa el cuerpo de un ermitaño, que yace con la cabeza apoyada sobre una piedra y sobre la que había tallado lo siguiente: 

"Yo Juan, primer anacoreta de este lugar, habiendo despreciado el siglo por el amor de Dios fabriqué, según alcanzaron mis fuerzas, esta iglesia en honor de San Juan, y aquí reposo".

El joven Voto vio en todo esto una señal, y tras enterrar al ermitaño, decidió junto a su hermano Félix, vender sus posesiones en Zaragoza y retirarse a la cueva para siempre, dedicándose a la penitencia y la oración. 

En realidad los orígenes de San Juan de la Peña son difíciles de desentrañar, pero partimos de la base de que se conoce la existencia en este mismo lugar, en el s.X, de un monasterio dedicado a San Juan Bautista, levantado sobre un antiguo cenobio, y que fue abandonado tras la incursión del musulmán Almanzor en el año 999

En 1025, es reconstruido por Sancho el Mayor de Navarra como lugar estratégico en la reorganización de sus reinos y entra la regla benedictina. Así comienza oficialmente la historia de este bello y curioso monasterio de San Juan de la Peña alojado dentro del frío monte Pano

Durante siglos fue protegido por los reyes al ser refugio seguro en tiempos de asedio musulmán contando con importantes donaciones para su mantenimiento.  De hecho, lo que actualmente podemos ver de él, no es mas que un tercio del tamaño que llegó a tener en su día.

En la Edad Media, la importancia de los monasterios se medía por el número de reliquias que albergaran y, con el apoyo de los Papas, San Juan de la Peña llegó a ser uno de los centros más importantes de la cristiandad, contando con los cuerpos de san Juan de Atares (el ermitaño que encontró el joven Voto), el propio san Voto, su hermano san Félix, san Benedicto, san Indalecio y san Marcelo, así como astillas de la Santa Cruz, piedras del pesebre y de la sepultura de Cristo, y un retal del vestido de la Virgen.

Pero sin duda la que más llama la atención, es el Santo Grial, el cáliz que usó Jesús en la última cena,  que estuvo depositado en el monasterio hasta el s. XIV, y del que se puede ver una réplica en el altar de la iglesia románica, pues el actual se encuentra en la Catedral de Valencia.

La importancia que supuso para la corona, no se quedó en las donaciones, sino que desde 1061 se crea un Panteón Real, en el que se irán enterrando distintos reyes y destacados miembros de la Corona de Aragón, comenzando con Ramiro I.

                                      

En su origen, y como curiosidad, se cree que contaba con una congregación mixta, de ahí el doble ábside y doble nave de la iglesia prerrománica. Cada una con su altar tallado en la roca, para la oración por separado de hombres y mujeres. 

Sobre ellas se erige la iglesia románica de 1094, y el bellísimo claustro románico al estilo cluniacense. 

El claustro, bajo la peña,  nunca estuvo techado sino que el muro exterior se elevaba hasta unirse con la peña, creando así un gran techo rocoso. 

Está compuesto por dos tipos de capiteles: los primitivos, del s.XI, con motivos fantásticos, y los encargados a finales del s.XII al Maestro de Agüero, con temas del Nuevo Testamento, presentados con figuras en bajo relieve de exageradas posturas y muecas.

Las distintas dependencias del monasterio se fueron acoplando al terreno y sobre todo a los salientes y relieve de la gran roca. Para las distintas ampliaciones se usó la madera, que aun siendo muy práctica era  fácil que fuera pasto de las llamas, de ahí los incendios que lo asolaron hasta en tres ocasiones. El último, en la madrugada del 24 de febrero de 1675, obliga a los monjes a tomar la decisión de buscar otro lugar más práctico para la comunidad. Un lugar que estuviera cerca, más amplio y sobre todo que le diera el sol. 

Así nace el Monasterio Nuevo, cuya construcción comienza en 1676 y finaliza en el s. XIX, en la  gran explanada de San Indalecio que se encuentra en en la cima de la propia roca. 


Para levantarlo contaron con la ayuda de numerosos profesionales facilitados por la Casa Real, y el diseño del zaragozano Miguel Ximenez, quien aun siendo esta su primera gran obra, se ganó tal prestigio que realizó posteriormente varios conventos en su ciudad natal. 

Gracias a que se han conservado hasta el día de hoy los dos Libros de Fábrica, sabemos detalles pormenorizados de la construcción del edificio. Cuánta gente trabajó, sus nombres, sus honorarios, etc. 

El diseño del nuevo monasterio es un ejemplo perfecto de diseño de la Edad Moderna. Muy distinto del caótico diseño del antiguo monasterio, las nuevas dependencias se levantaron y sucedieron de forma muy lógica y práctica. 

En la fachada principal, barroca, cabe destacar los tres santos que coronan cada puerta. Sobre la principal, aparece San Juan Bautista, patrón original de la comunidad, a la izquierda San Indalecio, advocación a la pradera sobre la que se levanta el edificio, y San Benito, fundador de la orden monástica que se profesaba en San Juan de la Peña.

Con la Desamortización de Mendizabal, en 1836, el Monasterio fue abandonado y desde entonces comenzó un importante deterioro de su infraestructura. Afortunadamente, el Gobierno de Aragón ha acometido una importante remodelación, creando un fabuloso Centro de Interpretación del Monasterio que te permite vivir de una forma muy realista cómo fue y sobre todo cómo era la vida de sus monjes. Visita altamente recomendable. Además cuenta con una Hospedería. 


Si te animas a visitar San Juan De la Peña, y lo haces en invierno te recomiendo que subas en coche hasta el parking de la explanada del Monasterio Nuevo, dejando a tu derecha el antiguo monasterio  y realices la visita primero al centro de interpretación. Después hay que bajar en coche y aparcar en el lado izquierdo de la calzada o en el remetido para el autobús, y hacer la visita guiada por el monasterio. Dura unos 45 minutos.

En temporada alta existe un servicio de lanzadera entre los monasterios y no se permite el uso de coches privados. 

Más información sobre horarios y tarifas: real-monasterio-de-san-juan-de-la-pena

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Esther.






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